Diez mujeres indígenas que resisten desde América Latina

By 15 septiembre 2021LAWA news

En la mayoría de sus escritos y diálogos públicos, la lingüista mixe Yásnaya Aguilar (Ayutla, Oaxaca, México) se pregunta, ¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser feminista?, y sobre todo ¿Qué es ser mujer indígena? En ese proceso de reflexión, tomando como referentes a otras mujeres como la escritora kaqchikel (Guatemala) Aura Cumes, y la politóloga k’iche’ Gladys Tzul (Guatemala), Yásnaya* dice:

«Entiendo ‘indígena’ como una palabra que nombra a naciones, personas y comunidades que sufrieron procesos de colonización y que además en los procesos de conformación de los estados nacionales modernos, las naciones indígenas quedaron por fuerza dentro de esas entidades jurídicas; estos estados han combatido su existencia y se relacionan con ellos mediante la opresión. Los pueblos indígenas son naciones sin estado. 

Entiendo ahora que la palabra ‘indígena’ nombra una categoría política, no una categoría cultural ni racial (aunque sí racializada). Entendí también que no bastaba con negar y dejar de usar la palabra ‘indígena’ para que la categoría dejara de operar sobre mí. Me di cuenta de que es posible usarla como herramienta política para subvertir las estructuras que las sustentan con el riesgo siempre presente de caer en los ríos de la folclorización y la esencialización.»

Esta reflexión de Yásnaya, nos permite pensar la presencia y la resistencia que las mujeres y sus comunidades vienen haciendo desde tiempos de la colonización en lo que hoy llamamos América Latina y el Caribe, concepto totalizador al cual las naciones nativas/indígenas no se refieren desde sus cosmovisiones, lenguas y experiencias territoriales. Por ejemplo, los pueblos de los Andes, acuñaron el concepto Abya Yala para referirse al territorio llamado hoy continente americano. Desde un pensamiento crítico y decolonial, decir Abya Yala en lugar de América Latina, es una posición política y una actitud ética que reconoce el derecho de los diversos pueblos indígenas a vivir, existir y preservar su historia, su territorio y sus lugares sagrados.

Como mujeres de origen latinoamericano parte de la comunidad migrante en Reino Unido, conocer la presencia y resistencias de mujeres indígenas es importante para reforzar nuestras raíces, mostrar solidaridad internacional, y en la medida de lo posible apoyar las campañas que lideran mujeres indígenas, y en la medida de lo posible, apoyar con donaciones sus causas.

Con este post, LAWA reconoce y visibiliza el papel de liderazgo y resistencia que mujeres vienen librando.

Aquí te presentamos 10 mujeres indígenas que resisten desde América Latina:

  1. Maria do Socorro Silva, ambientalista amazónica brasileña

Maria do Socorro Silva es quilombola, pero también indígena. Su hogar está en Bacarena, Pará muy cerca del río Tocantins, la arteria fluvial central del país. El Tocantins es uno de los ríos de aguas claras más grandes de América del Sur. Durante 10 años Maria ha estado luchando en múltiples frentes: contra la refinería de propiedad noruega Hydro Alunorte en Barcarena, contra la mina de bauxita de Albras que la abastece; contra poderosos políticos acaparadores de tierras, contra inversionistas. Por eso es que la lucha de Maria es por la tierra, la raza, la desigualdad y la justicia.

Como presidenta de la Asociación de Caboclos, Indígenas y Quilombolas da Amazônia (Cainquiama), que representa a miles de habitantes de los bosques locales, organizó protestas y presentó dos demandas contra Hydro Norte. Denunció la empresa ante los fiscales, la asamblea legislativa del estado de Pará y los medios de comunicación.

  1. Helena Gualinga, campeona ambientalista juvenil kichwa sarayaku

Helena es parte de la comunidad indígena Sarayaku, ubicada en lo profundo de la Amazonía ecuatoriana. Al vivir entre Finlandia y Ecuador, Gualinga está preocupada de que las industrias

extractivas destruyan su patria. La comunidad de Sarayaku es una de las más de 800 comunidades indígenas de América Latina. Las industrias extractivas han podido explotar el territorio para la exploración petrolera desde 1996, cuando el gobierno ecuatoriano firmó un contrato con la petrolera nacional Petroecuador y CGC, subsidiaria de Chevron en Argentina.

Sobre su activismo, Helena dice: “el año en que nací, entró una empresa petrolera sin el consentimiento de mi comunidad. Por lo tanto, cuando era niño, veía constantemente todas las cosas que le pasaban a mi gente, a la gente que decía que no. Siempre fue parte de mi vida que la gente luchara por nuestras comunidades”. A través de su activismo, quiere desafiar los «estereotipos que las personas tienen sobre los pueblos indígenas, que pueden ser muy dañinos para nuestras comunidades y nuestras culturas, para nuestras formas de ser y de vivir, por eso la gente debe tener en cuenta que esos pensamientos y esas ideas realmente hacen daño a las personas».

  1. Bertha Zúñiga Caceres, defensora de derechos humanos e hija de Berta Cáceres

Bertha Zúñiga Cáceres es la coordinadora general del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) e hija de Berta Cáceres, quien fue asesinada en marzo de 2016 por su lucha para evitar la construcción de la represa en el río Gualcarque en el territorio del pueblo Lenca. Sobre su madre, quien fue asesinada, dice: “Berta, mi mamá, seguirá siendo símbolo de lucha y esperanza para los territorios que continúan la batalla en defensa de la vida y que son perseguidos o criminalizados. Esta sentencia es el inicio de un camino implacable de justicia para los pueblos y para Honduras”.

Con 29 años de edad, Bertha suspendió sus estudios universitarios y se enfocó en buscar la verdad detrás de este crimen. Aunque ha vivido intimidaciones, ella dice: “Yo creo que un punto principal es la necesidad de dignificarnos como pueblo. Tanta gente ha sido asesinada en este país (Honduras) y es tanta la violencia cotidiana que vivimos que, creo, somos un país que nos merecemos justicia y tenemos que luchar por vivir de otra manera. Soñamos en la tranquilidad que todo el mundo quiere, con la justicia y la verdad como banderas de lucha.”

  1. Ericka Guadalupe Vásquez Flores, Mayan K’iche’ traductora para migrantes en los Estados Unidos

Mujer maya K’iche’, originaria de Aldea Chuatroj, Totonicapán, Guatemala. Ella es sociolingüista de profesión y docente del idioma K’iche’, comparte sobre la importancia de promoción de los idiomas maternos de sus propias experiencias y saberes. Es una de las traductoras que pasó horas atendiendo llamadas telefónicas de larga distancia desde su casa traduciendo al español para migrantes en los centros de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en los Estados Unidos que solo hablaban su idioma indígena (sobre todo en tiempos de Donald Trump).

Ericka forma parte de un grupo creciente de mujeres, en su mayoría guatemaltecas, que traducen para migrantes de habla indígena detenidos. Para ella, la lengua materna K’iche’ es tan importante para continuar en las próximas generaciones. Ella dice sobre su propio trabajo: «Soy activista digital en Idiomas mayas, estoy iniciando un proyecto de enseñanza del Idioma desde las redes sociales, y muy pronto un canal de YouTube, aprovechando el recurso tecnológico que ya tenemos a nuestro alcance. También soy promotora voluntaria del proyecto Liberación para el Migrante, nuestro trabajo es apoyar en interpretación del idioma K’iche’ a español y viceversa a personas en los centros de detención de Estados Unidos, debido a no poder comunicarse en idioma español con los abogados.”

  1. Yásnaya Elena Aguilar Gil, an Ayuujk linguist (mixe)

Escritora, lingüista, traductora, investigadora y activista ayuujk (mixe). Su trabajo se centra en el estudio y difusión de la diversidad lingüística, así como de lenguas originarias en riesgo de desaparición en México. Ha colaborado en diversos proyectos sobre divulgación de la diversidad lingüística, desarrollo de contenidos gramaticales para materiales educativos en lenguas indígenas y proyectos de documentación y atención a lenguas en riesgo de desaparición. Ha colaborado escribiendo en español en revistas, con algunos textos traducidos al inglés.

En el 2019, en la Cámara de Diputados de México, dio un discurso en su lengua madre mixe y desde entonces ha ido a varios lugares y dictado conferencias. Ha escrito libros sobre lenguajes, identidad y resistencia comunitaria: Un Estado sin nosotrxs (2018 OnA Ediciones), y Ää: Manifiestos sobre la diversidad lingüistica (2020, Editorial Almadía). Sobre sus resistencias y activismos, Yásnaya habla de las diferencias del feminismo con el movimiento de mujeres en su comunidad, y dice: “Y en el caso de ahorita el colectivo de mujeres en la comunidad a la que pertenezco, lo que pide sobre todo es el agua. Y algunas feministas han dicho que esa no es una causa feminista. Por eso es importante tener discusiones más desde el respeto y no desde una visión colonialista. Hay una visión colonialista de que la lucha es siempre la de occidente”.

  1. María Lorena Ramírez, atleta Tarahumara

Originaria de la Sierra tarahumara, Chihuahua, María Lorena Ramírez es una atleta mexicana que habla el tarahumara. Como muchas mujeres de las comunidades indígenas, por no acceder a una educación formal, su hermano Mario le sirve como traductor al español, cuando le entrevistan o está fuera de su comunidad.

Sobre ella misma, dice: “Me gusta ser una mujer rarámuri, me gusta tener esta cultura, estas tierras que estoy pisando, donde he crecido, es un lugar muy bello. Tenemos de todo, tenemos árboles, tenemos muchas cosas aquí en el estado de Chihuahua. Me siento muy feliz de lo que tengo.”

Correr para Lorena es una actividad común que le llena de alegría. En el 2017, venció a 500 atletas de 12 países diferentes para ocupar el primer lugar en el ultramaratón de 50 kilómetros conocido localmente como UltraTrail Cerro Rojo, realizado en el estado de Puebla, México.

  1. Lorena Cabnal, maya ketchʼi y xʼinka feminista comunitaria y sanadora ancestral

Es sanadora, feminista y defensora comunitaria originaria del pueblo Xinca-maya de Guatemala. Vivió la infancia y la adolescencia en un clima de violencia intrafamiliar, en plena guerra civil guatemalteca que costó la vida a miles de personas. A los 15 años huyó de su casa y a los 25, tras haber estudiado medicina y psicología en la universidad, decidió seguir las huellas de su abuela materna x’inka de ser sanadora ancestral.

Sobre su acercamiento al feminismo comunitario, dice:

“Defender el territorio cuerpo-tierra” es parte de los procesos de sanación, recuperación emocional y espiritual de mujeres porque “desde los cuerpos es donde se han construido las opresiones del sistema patriarcal, el colonialismo, el racismo” pero también “en el cuerpo es donde radica la energía vital de emancipación, de la rebeldía, de la transgresión, de las resistencias, del erotismo como energía vital”.

Puedes leer su libro aquí.

  1. Noelia Naporichi, joven Qom miembra del Parlamento de Mujeres Indígenas

Nació en Santa Fe, Rosario Argentina. Es integrante de la Nación Qom del territorio argentino. Milita en el ámbito de los derechos indígenas desde los 16 años y forma parte del grupo Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, donde están incluidas 36 naciones de Latinoamérica. Para este movimiento de mujeres, es importante que las mujeres tomen liderazgo en sus territorios, haciendo trabajo en comedores comunitarios y en el liderazgo político.

Noelia forjó gran parte de su militancia en el barrio donde vive una de las comunidades Qom en el Barrio Toba Municipal, Rouillón y Maradona, en la zona suroeste de Rosario. En tiempos del COVID-19, fundó un Centro Comunitario para el Buen Vivir en la casa de su madre para brindar apoyo a las personas más vulnerables de su entorno. Asimismo, participó en la histórica marcha del 25 de mayo de 2021, donde mujeres indígenas caminaron más de 1.500 kilómetros desde diferentes puntos del país para exigir que el Estado incorpore el término “terricidio” para condenar a los responsables de “crímenes contra la naturaleza y contra la humanidad.”

  1. Jakeline Romero, defensora del territorio en La Guajira

Es defensora de derechos humanos wayúu en el departamento de La Guajira, en el noreste de Colombia. Jakeline forma parte de la organización Sütsuin Jieyuu Wayúu (Fuerza de Mujeres Wayuu), creada en 2006 con el objetivo de visibilizar y denunciar las violaciones de los derechos de los indígenas wayúu resultado de los megaproyectos mineros, desplazamientos forzados, la situación la vulnerabilidad de las víctimas del conflicto armado y la presencia de grupos armados y la militarización del territorio de La Guajira.

Esta lideresa se ha centrado en las denuncias por las licencias que ha dado el gobierno nacional a la empresa minera Carbones El Cerrejón, que actualmente busca desviar una de las fuentes de agua más importantes para la población, el arroyo Bruno.

Esta no es la primera vez que amenazan a la líder indígena y a su familia. Desde el año 2005 grupos paramilitares la vienen asediando. En el 2012 amenazaron directamente a Jazmín Romero Epiayu, hermana de Jackeline y también lideresa de la comunidad Wayúu, posteriormente en el 2014 su hija menor, Génesis Gutiérrez, fue víctima de intimidaciones. Sin embargo, aunque los hechos han sido dados a conocer a las autoridades, sigue sin conocerse los responsables de estas amenazas.

  1. Samantha Siagama, Embera y mujer trans

Es parte de la comunidad embera en el occidente de Colombia. Ella tuvo que autoexiliarse de su territorio para no ser asesinada por ser mujer trans. En su camino de autodeterminación, encontró lugar en la zona cafetera de Santurario, donde encontró trabajo y un hogar. Al conocer casos de otras mujeres trans que estaban en situaciones como ella, hablo con su jefe y le pidió que les diera trabajo en sus cafetales. Samanta ha logrado ser capataz de la zona cafetera donde vive.

Sobre su lucha de reivindicación, dice: «Cuando uno quiere ser transgénero a ellos no les gusta. ‘Si él está haciendo eso, mejor matar’, decían. Para que la gente no murmure de un papá o de un hermano. Ellos prefieren matarlo a uno o mandárselo a la guerrilla», relata. “Pero ni siquiera la guerrilla, que siempre estuvo ávida de reclutar nuevos combatientes, quiso tener transgéneros en sus filas. Mucho menos, indígenas transgénero.”

Samantha y otras mujeres trans de Santuario luchan por acceder a una identidad a través de su cédula con su nuevo nombre y vida, para salir de la marginación y encontrar mejores condiciones de vida.


*Yásnaya Elena A. Gil. “La sangre, la lengua y el apellido. Mujeres indígenas y estados nacionales.” Disponible en español aquí.

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