10 mujeres indígenas resistiendo en América Latina

Yásnaya Aguilar Gil es una lingüista mixe de Ayutla, Oaxaca, México. En la mayoría de sus escritos y diálogos públicos, se pregunta: ¿qué es ser mujer? ¿Qué es ser feminista? Sobre todo, ¿qué es ser una mujer indígena? En este proceso de reflexión, dialoga con otras mujeres como la escritora kaqchikel (Guatemala) Aura Cumes, y la politóloga k’iche’ Gladys Tzul (Guatemala), y Yásnaya* dice:

“Entiendo “indígena” como una palabra que nombra a naciones, personas y comunidades que sufrieron procesos de colonización y también en los procesos de formación de los estados nacionales modernos, las naciones indígenas fueron por la fuerza dentro de esas personas jurídicas; Estos estados han luchado contra su existencia y se relacionan con ellos a través de la opresión. Los pueblos indígenas son naciones sin Estado.

Ahora entiendo que la palabra “indígena” es una categoría política, no una categoría cultural o racial (aunque está racializada). Además, entendí que no bastaba con negar y dejar de usar la palabra “indígena” para que la categoría dejara de operarme. Me di cuenta de que es posible utilizarlo como una herramienta política para subvertir las estructuras que los sostienen con el riesgo siempre presente de caer en los ríos del folclorismo y la esencialización”.

Esta reflexión de Yásnaya nos permite pensar en la presencia y resistencia que las mujeres y sus comunidades vienen haciendo desde los tiempos de la colonización en lo que hoy llamamos América Latina y el Caribe. Este concepto totalizador al que las naciones originarias/indígenas no han sido referidas desde sus cosmovisiones, lenguas y experiencias territoriales. Por ejemplo, los pueblos de los Andes acuñaron el concepto Abya Yala para referirse al continente americano desde su posición política. En el campo del pensamiento crítico, Abya Yala es una actitud ética que reconoce el derecho de los diversos pueblos indígenas a vivir, a existir y a preservar su historia, su territorio y sus lugares sagrados.

Como mujeres latinoamericanas que formamos parte de la comunidad migrante en el Reino Unido, conocer la presencia y resistencia de las mujeres de los territorios donde nacimos es importante para reforzar nuestras raíces, mostrar solidaridad internacional y, en la medida de lo posible, apoyar las campañas que lideramos las mujeres indígenas y, cuando sea posible, apoyar sus causas con donaciones.

En el marco del Día Internacional de las Mujeres Indígenas, queremos reconocer el papel de liderazgo y resistencia que las mujeres vienen desempeñando en América Latina.

Estas son las 10 mujeres indígenas que resisten en América Latina:

  1. Maria do Socorro Silva, ambientalista amazónica brasileña

Es quilombola, pero también es indígena. Su casa está en Bacarena, Pará, muy cerca del río Tocantins, la arteria fluvial central del país. El Tocantins es uno de los ríos de aguas cristalinas más grandes de América del Sur. Desde hace 10 años lucha en múltiples frentes contra todos los proyectos extractivos de su territorio. Dice que su lucha es por la tierra, la raza, la desigualdad y la justicia.

Es presidenta de la Asociación de Caboclos, Indígenas y Quilombolas de Amazônia (Cainquiama), que representa a miles de habitantes de la selva local; organizó protestas y presentó dos demandas contra Hydro Alunorte. Denunció a la empresa ante la fiscalía, la asamblea legislativa del estado de Pará y los medios de comunicación.

  1. Helena Gualinga, campeona ambientalista joven kichwa sarayaku

Forma parte de la comunidad indígena Sarayaku, ubicada en lo profundo de la Amazonía ecuatoriana. Viviendo entre Finlandia y Ecuador, a Gualinga le preocupa que las industrias extractivas destruyan su tierra natal. La comunidad de Sarayaku es una de las más de 800 comunidades indígenas de América Latina. Las industrias extractivas han podido explotar el territorio para la exploración petrolera desde 1996, cuando el gobierno ecuatoriano firmó un contrato con la petrolera nacional Petroecuador y CGC, una subsidiaria de Chevron en Argentina.

Sobre su activismo, Helena dice: “el año que nací, una empresa petrolera entró sin el consentimiento de mi comunidad. Por lo tanto, cuando estaba creciendo, veía constantemente todas las cosas que le pasaban a mi gente, a la gente que decía que no. Siempre fue parte de mi vida que la gente luchara por nuestras comunidades”. A través de su activismo, quiere desafiar los estereotipos que la gente tiene de los pueblos indígenas, pueden ser muy dañinos para nuestras comunidades y para nuestras culturas, para nuestras formas de ser y vivir. Por esa razón, la gente debe tener en cuenta que esos pensamientos y esas ideas realmente hacen daño a las personas.

  1. Bertha Zúñiga Cáceres, defensora de derechos humanos e hija de Berta Cáceres

Es coordinadora general del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) e hija de Berta Cáceres, asesinada en marzo de 2016 por su lucha para impedir la construcción de una represa en el río Gualcarque en territorio del pueblo lenca.

A los 29 años, Bertha Zúñiga suspendió sus estudios universitarios y se enfocó en encontrar la verdad detrás del asesinato de su madre. A pesar de que ha experimentado intimidación, dijo: “Creo que el punto principal es la necesidad de dignificarnos como pueblo. Tanta gente ha sido asesinada en este país (Honduras) y hay tanta violencia diaria que vivimos que, creo, somos un país que merece justicia y tenemos que luchar para vivir de otra manera. Soñamos con la tranquilidad que todos desean, con la justicia y la verdad como banderas de lucha”.

  1. Ericka Guadalupe Vásquez Flores, traductora de maya k’iche’ para migrantes

Un maya k’iche’ originario de Aldea Chuatroj en el municipio y departamento de Totonicapán en Guatemala. Es sociolingüista de profesión y profesora de la lengua k’iche’. Comparte la importancia de promover las lenguas maternas desde sus propias experiencias y conocimientos. Ella es una de las traductoras que pasó horas haciendo llamadas telefónicas de larga distancia desde su casa en Guatemala traduciendo al español para migrantes en los centros de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos que solo hablaban su lengua indígena (especialmente durante la administración de Trump).

Ella forma parte de un grupo cada vez mayor de mujeres, en su mayoría guatemaltecas, que traducen para migrantes indígenas detenidos. Para ella, la lengua materna, el k’iche’, es tan importante para continuar en las próximas generaciones. Dice sobre su propio trabajo: “Soy activista digital en Lenguas Mayas, estoy iniciando un proyecto para enseñar la Lengua desde las redes sociales, y muy pronto un canal de YouTube, aprovechando el recurso tecnológico que ya tenemos a nuestra disposición. También soy promotora voluntaria del proyecto Liberación para el Migrante. Nuestro trabajo es ayudar a las personas en los centros de detención en los EE. UU. a interpretar el idioma k’iche’ al español y viceversa, debido a que no pueden comunicarse en español con los abogados”.

  1. Yásnaya Elena Aguilar Gil es lingüista ayuujk (mixe)

Ha contribuido en diversos proyectos de difusión de la diversidad lingüística, desarrollo de contenidos gramaticales para materiales educativos en lenguas indígenas, y proyectos de documentación y atención a lenguas en riesgo de desaparición. Ha colaborado escribiendo en español, su segunda lengua, en revistas, con algunos textos traducidos al inglés.

En 2019, en la Cámara de Diputados en México, dio una charla en su lengua materna, el mixe, y desde entonces ha ido a diversos lugares y ha dado conferencias y escrito libros sobre lenguas, identidad y resistencia comunitaria: Un Estado sin nosotrxs (2018 Ediciones OnA), y Ää: Manifiestos sobre la diversidad lingüística (2020, Editorial Almadía). De acuerdo con su resistencia y su activismo por el derecho al agua potable en su comunidad, Yásnaya expresa: “El grupo de mujeres de la comunidad a la que pertenezco, lo que piden sobre todo es agua. Es más, algunas feministas han dicho que no se trata de una causa feminista. Por eso es importante tener discusiones más desde el respeto y no desde una visión colonialista. Hay una visión colonialista de que la lucha es siempre de Occidente”.

  1. María Lorena Ramírez, corredora tarahumara

Originaria de la Sierra Tarahumara, Chihuahua, María Lorena Ramírez es una atleta mexicana que habla tarahumara. Al igual que muchas mujeres de comunidades indígenas, al no tener acceso a la educación formal, su hermano Mario se desempeña como traductor al español, cuando ella es entrevistada o está fuera de su comunidad.

“Me gusta ser una mujer rrámuri, me gusta tener esta cultura, estas tierras que estoy pisando, donde he crecido, es un lugar muy hermoso. Tenemos de todo, tenemos árboles, tenemos muchas cosas aquí en el estado de Chihuahua. Me siento muy feliz con lo que tengo”, dice.

Es conocida por su talento para correr largas distancias. Tradicionalmente, su pueblo indígena ha utilizado el running como medio de transporte y comunicación entre asentamientos lejanos. Hace décadas, las pruebas fisiológicas encontraron que cuando los tarahumaras corren largas distancias, su presión arterial en realidad baja y su ritmo cardíaco se mantiene constante de 130 latidos por minuto, todo mientras conducen una milla tras otra de 8 minutos. Se llaman a sí mismos rarámuri, que algunos etnógrafos traducen como “los que corren rápido” y otros como “la gente de pies relámpago”. En el pasado, practicaban la caza persistente, lo que significa que corrían la caza hasta la muerte.

Para Lorena, correr es una actividad normal que le da alegría. En 2017, venció a 500 atletas de 12 países diferentes para quedar en primer lugar en el ultramaratón de 50 kilómetros conocido localmente como UltraTrail Cerro Rojo, celebrado en el estado de Puebla, México.

  1. Lorena Cabnal, Maya Ketchʼi y X’inka feminista comunitaria y sanadora ancestral

Es curandera, feminista y defensora del territorio originaria del pueblo X’inka-Maya de Guatemala. Vivió su infancia y adolescencia en un ambiente de violencia doméstica, en medio de la guerra civil guatemalteca, que le costó la vida a miles de personas. A los 15 años huyó de su hogar, y a los 25, después de haber estudiado Medicina y Psicología en la universidad, decidió seguir el ejemplo de su abuela materna X’inka como curandera ancestral. Sobre su enfoque feminista comunitario, dice: “La defensa del territorio tierra-cuerpo es un proceso de sanación emocional y espiritual. Esto es parte de una recuperación de las mujeres porque desde nuestros cuerpos es donde se ha construido la opresión del sistema patriarcal, el colonialismo, el racismo pero también el cuerpo es donde está la energía vital de la emancipación, de la rebelión, de la transgresión, de la resistencia, del erotismo como energía vital”.

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  1. Noelia Naporichi, joven qom integrante del Parlamento de Mujeres Indígenas de Argentina

Nació en Santa Fe, Rosario, Argentina. Es miembro de la Nación Qom dentro del territorio argentino. Ha estado activa en el campo de los derechos indígenas desde que tenía 16 años. Actualmente, forma parte del grupo Mujeres Indígenas por el Buen Vivir, que incluye a 36 naciones latinoamericanas. Para este movimiento de mujeres es importante que las mujeres asuman el liderazgo en sus territorios haciendo trabajos en comedores comunitarios y teniendo cargos de representación política.

Noelia forjó gran parte de su militancia en el barrio donde vive una de las comunidades Qom en el Barrio Toba Municipal, Rouillón y Maradona, en la zona sudoeste de Rosario. En tiempos del COVID-19, Noelia fundó un Centro Comunitario para el Buen Vivir en la casa de su madre para dar apoyo a las personas más vulnerables alrededor de su lugar. Asimismo, participó en la histórica marcha del 25 de mayo de 2021, donde mujeres indígenas caminaron más de 1.500 kilómetros desde diferentes puntos del país para exigir al Estado que incorpore el término “terricidio” para condenar a los responsables de “crímenes contra la naturaleza y contra la humanidad”.

  1. Jakeline Romero, defensora de los derechos humanos wayúu

Es defensora de los derechos humanos wayúu en el departamento de La Guajira, en el noreste de Colombia. Forma parte de la organización Sütsuin Jieyuu Wayúu (Fuerza de Mujeres Wayuu), creada en 2006 con el objetivo de visibilizar y denunciar las violaciones a los derechos de los indígenas Wayúu. Esta situación es producto de los megaproyectos mineros, el desplazamiento forzado, la situación de vulnerabilidad de las víctimas del conflicto armado y la presencia de grupos armados, y la militarización del territorio de La Guajira.

Su liderazgo se ha centrado en las denuncias sobre las licencias que el gobierno nacional ha otorgado a la empresa minera Carbones El Cerrejón, que actualmente busca desviar una de las fuentes de agua más importantes para la población, el arroyo Bruno. Los grupos paramilitares la persiguen desde 2005. En 2012, los paramilitares amenazaron directamente a Jazmín Romero Epiayu, hermana de Jackeline y líder de la comunidad Wayúu. Más tarde, en 2014, su hija menor, Génesis Gutiérrez, fue víctima de intimidación. Sin embargo, aunque los hechos han sido revelados a las autoridades, aún se desconoce quiénes son los responsables de estas amenazas.

  1. Samantha Siagama, una indígena transgénero embera

Tuvo que exiliarse de su patria embera para salvar su vida. Como mujer transgénero, dejó a su familia y, en su camino hacia la autodeterminación, encontró un lugar en la zona cafetera de Santuario, donde tiene un trabajo y un hogar. Cuando supo de casos de otras mujeres trans que estaban en situaciones como ella, habló con su jefe y le pidió que les diera trabajo en los cafetales. Samantha ha logrado ser la supervisora de la zona cafetera donde vive y abre Santuario como hogar para otras mujeres trans indígenas que huyen de la violencia territorial y en sus cuerpos.

Sobre su lucha, dice: “Cuando quieres ser transgénero, a ellos (las familias) no les gusta. ‘ Si está haciendo eso, es mejor matar’, dijeron. Para que la gente no murmure de un padre o de un hermano. Prefieren matar a la persona trans. La otra opción es que tu propia familia te envíe con los guerrilleros… Sin embargo, ni siquiera la guerrilla, siempre dispuesta a reclutar nuevos combatientes, quería tener a personas transgénero en sus filas. Mucho menos, indígenas transgénero”.

Samantha y otras mujeres trans de Santuario luchan por tener acceso a la identidad a través de su DNI con su nuevo nombre y vida, para salir de la marginación y encontrar mejores condiciones de vida.


* Yásnaya Elena A. Gil. “La sangre, la lengua y el apellido. Mujeres indígenas y estados nacionales”. Disponible en español aquí.

 

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